Es increíble ver tu mano junto a la mía, ver tus manos envejecer y tu ver mis manos madurar. ¿Cuantas veces de la mano corrí contigo? ¿Cuantas veces acudí a ellas para poder levantarme? Ahora ver el tiempo entre los dos, sentir que aun esas manos siguen ahí me hace más fuerte, nos hacen más fuertes. Sentir la caricia cuando despierto, sentir la mano que me saluda cuando regreso.
El tiempo separa a veces las manos, las convierte en toscas armas con las cuales secar las lágrimas no sirve, reprimen, nos convierten en brutos hacedores de rencores y en animales sin emociones. Sé que tus manos aun están ahí y no son las manos que solo reciben, sino las manos que desde pequeño me acostumbraste.
Madre mía, siento no ser el hijo que esperas, siento no ser el hombre que tu deseas, pero déjame decirte lo que creo más importante en mi vida ¡TE AMO FRENTE A TODO Y A TODOS!
Siempre eres la mano que apoya mi alma, la convierte en realidad, espanta los miedos y los deja caer. Eres la mano que cualquiera quisiese tener rosando su mejilla o secándole las lágrimas. Gracias por enseñarme a sentir, por enseñarme a amar, gracias por ser la mujer que acompaña mi vida y le da sentido eterno, gracias por ser la mano que hace dormir al hombre atormentado por su destino. Gracias por ser la vida que ilumina y hace lo imposible por mi felicidad, gracias por ser la mano de Madre, de Padre, de Maestra, de Amiga, de Confidente y sobre todo, gracias por ser la mano que me dio la vida...
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